
CONTENEDOR CREATOR · SAGAS · PUBLICACIÓN 005
Por David Enrique Pavón Sierra
Una historia puede comenzar en treinta segundos
No hizo falta una gran escena.
No hubo una canción anunciando lo que estaba por ocurrir, ni un acontecimiento extraordinario capaz de detener el tiempo.
Bastaron unos segundos.
Una mirada.
Una sonrisa.
Y dos personas que todavía no sabían que acababan de comenzar una historia.
Así nace Treinta días para encontrarnos, una obra de Contenedor Creator que nació primero como una saga poética y que ahora también encuentra una nueva forma de ser contada: como una narración.
El manuscrito transforma aquella sucesión de versos y emociones en una historia continua, mientras conserva los poemas como parte de la memoria, la libreta y la huella emocional de sus protagonistas. Está estructurado como un cuento largo o novela corta de quince capítulos.
De treinta días a una historia
La propuesta original recorre treinta días.
Cada jornada representa un momento de la relación: los primeros encuentros, las palabras, la cercanía, los sueños compartidos, las dificultades y aquello que ocurre cuando dos personas comienzan a elegirse.
La versión narrativa reorganiza ese recorrido en quince capítulos, comenzando con Treinta segundos y continuando con Volver a mirarte, Las primeras palabras, Una cita sencilla, Lo que empezamos a contar y otros momentos hasta llegar a Treinta días.
Capítulo 1 — Treinta segundos
La primera vez que la vio no ocurrió nada extraordinario.
No cayó una copa. Nadie dejó de hablar. No sonó una canción capaz de anunciar que algo importante acababa de comenzar.
Ella simplemente pasó frente a él.
Fueron apenas unos segundos.
David estaba apoyado cerca de una ventana, fingiendo escuchar una conversación que ya no le interesaba demasiado, cuando la vio cruzar el lugar.
Primero distinguió su cabello. Después, la forma tranquila en que caminaba. Finalmente, sus ojos.
Ella giró el rostro.
Él no tuvo tiempo de apartar la mirada.
Se encontraron.
No fue una mirada larga. Tampoco dramática. Apenas el tiempo suficiente para que ambos supieran que el otro estaba allí.
Ella sonrió.
David respondió con otra sonrisa, casi por reflejo.
Y eso fue todo.
O eso creyó.
Durante el resto de la tarde volvió a buscarla entre las personas sin admitir que lo estaba haciendo. Algunas veces creyó verla y después descubrió que era otra persona. Otras, la encontró hablando con alguien y se obligó a mirar hacia otro lado.
No conocía su nombre.
No sabía si volvería a verla.
Sin embargo, cuando llegó a casa aquella noche, abrió una libreta que llevaba semanas sin tocar.
Se quedó mirando la hoja en blanco.
Entonces escribió:
Treinta segundos para pasar junto a ti, sonrío.
Leyó la frase dos veces.
No sabía por qué la había escrito.
Mucho menos sabía que aquella sería la primera línea de una historia que tardaría treinta días en comprender.
Continuará…
Próximo capítulo: Volver a mirarte.
Treinta días.
Dos protagonistas.
Una historia que primero fue escrita en versos y que ahora comienza a contarse de otra manera.
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